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Magia Elemental de la Naturaleza – El Dominio de la Naturaleza Interior

Al entrar en el Reino de la Magia Elemental de la Naturaleza, primero debemos reconocer que de acuerdo con el principio hermético de la correspondencia:

“Como es arriba, es abajo”, “Como es adentro, es afuera.”.

Nosotros como criaturas hechas de la naturaleza misma, no somos externos a ella, pero sí, todos somos parte del mismo cuerpo gigantesco de esta Bendita Diosa Madre. Por lo tanto, la Naturaleza no es meramente externa a nosotros, sino que nos penetra y compenetra profundamente.

Los mismos elementos que forman la naturaleza externa son también los entrenadores de nuestra naturaleza interna, tanto biológica como psicológica. Por lo tanto, la tierra, el agua, el aire y el fuego crean e influyen constantemente nuestra naturaleza particular. 

El hombre es el quinto elemento, el principio etérico, la conciencia detrás de la naturaleza meramente instintiva y mecánica. Por lo tanto, si queremos ejercer la herencia divina dada al hombre para ser el Rey de la Naturaleza, primero debemos dejar de ser simplemente animales racionales y dominar nuestra naturaleza inferior para que florezca la superior.

El dominio de la naturaleza interior

¿Como dominar a los elementales atómicos de nuestra naturaleza interior?

Nunca una persona voluble y caprichosa gobernará a los Silfos de la naturaleza. Jamás un hombre flojo, frío y voluble será el maestro absoluto de las Ondinas de las aguas o las Nereidas de los mares.

La ira irrita a las salamandras de fuego y la concupiscencia convierte, de hecho, en un juguete para los gnomos o pigmeos del reino mineral a cualquiera que quiera servirse de ellos.

Hay que ser ágil y activo como los Silfos, flexible y adaptable como las Ondinas y Nereidas. Enérgico y fuerte como las salamandras, trabajador y paciente como los gnomos y pigmeos. En una palabra, es urgente, indispensable vencer a los elementales internos con su fuerza y no dejarse dominar nunca por sus debilidades.

Cuando el mago haya muerto totalmente en sí mismo, toda la naturaleza lo obedecerá.

¿Cómo podríamos mandar a los elementales de la naturaleza si no aprendemos a gobernar los elementales atómicos de nuestro propio organismo?

Las salamandras atómicas que se encuentran en la sangre y en el sexo arden espantosamente con nuestras pasiones animales. Los silfos atómicos de nuestros propios aires vitales, al servicio de la imaginación mecánica (no confunda esto con la imaginación consciente objetiva), juegan con nuestros pensamientos lascivos y perversos.

Las ondinas atómicas del esperma sagrado siempre dan lugar a espantosas tormentas sexuales. Los gnomos atómicos de la carne y los huesos disfrutan de la pereza, la gula y la concupiscencia.

Es urgente conocer cómo exorcizar, ordenar y someter a los elementales atómicos de nuestro propio cuerpo.

Cada planta es el cuerpo físico de un vegetal elemental, cada árbol, cada hierba, por insignificante que sea, tiene su elemental particular. No quiere decir, que los elementales de plantas y árboles, vivan constantemente en su cuerpo inmóvil, esto sería absurdo e injusto por demás. Los elementales vegetales son libres de entrar y salir de sus cuerpos a voluntad.

Normalmente, las criaturas elementales en el reino vegetal se clasifican como familias. Una es la familia de los naranjos, otra de la menta, otra de los pinos, etc., etc., etc. Cada familia tiene su propio templo en el Edén, en la cuarta dimensión…

Para dominar nuestra propia naturaleza interior es preciso conocernos profundamente, auto explorarnos, observar detalladamente nuestras acciones, pensamientos, emociones. Para convertirnos en los verdaderos Reyes de la Naturaleza, de nuestra naturaleza interior y por consecuencia de la exterior.

Para conocer más sobre este y otros temas le invitamos a nuestros cursos de autoconocimiento libres y gratuitos.

7 mayo, 2020
Magia elemental de la naturaleza

Magia Elemental de la Naturaleza – El Dominio de la Naturaleza Interior

Los mismos elementos que forman la naturaleza exterior, también conforman nuestra naturaleza interior, tanto biológica como psicológica.
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