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Investigaciones sobre la meditación

Investigaciones científicas sobre la Meditación

En este artículo vamos a explorar algunas de la primeras investigaciones médico-científicas sobre la Meditación: estudios de índole médica y científica que buscaron identificar los resultados positivos de la meditación en el organismo y sus efectos.

La meditación tiene larga historia entre la humanidad, pero en el mundo occidental sólo recientemente se hizo conocida.  Y, aunque en los textos bíblicos se menciona el acto de meditar en varias ocasiones, esta práctica milenaria despertó interés sobre todo por medio de las formas religiosas del oriente, como el Hinduismo y el Budismo.

Desde la década de 1960, comenzó a ser cada vez más conocida y practicada por los más diversos grupos de la sociedad. El interés creciente por la Meditación instó a que se la estudiara en centros médicos y universidades, como un recurso eficiente para equilibrar salud y bienestar

¿Por qué está en auge la meditación?

Las investigaciones médico-científicas sobre la Meditación fueron impulsadas por el auge de esta técnica en el mundo occidental.  Las razones que estimulan esta gran receptividad hacia la meditación entre nosotros están directamente conectadas con los desgastes psíquicos y emocionales de la vida, con el ritmo desenfrenado al que nos somete la vida en las grandes ciudades.

Sin embargo, no debe sorprender que fue gracias a ciertos cambios en la mentalidad que la medicina convencional comenzó a recomendar la práctica de la meditación. Durante las últimas décadas, los científicos cambiaron la perspectiva con respecto al modo de percibir las enfermedades y la salud.

Meditar es un camino hacia la luz

Las investigaciones de un cardiólogo

Esta es la historia que nos cuenta, por ejemplo, el cardiólogo norteamericano Herbert Benson, quien es reconocido como uno de los primeros médicos que se dedicó al tema, ya en la década de 1970. En el año 2000, se reeditó su libro de 1975, The Relaxation Response (La relajación, en su edición en español). Entonces, Benson recordó que en esa época era casi una herejía afirmar que las reacciones emocionales, como ansiedad o estrés, podían originar o agravar enfermedades orgánicas.

Su camino en el estudio de la meditación comenzó con un interrogante sobre las relaciones mente-cuerpo. No se sentía cómodo con el hecho de que, en ciertos exámenes fisiológicos, por ejemplo, al evaluar los latidos del corazón, podían presentarse alteraciones simplemente porque sus pacientes estuvieran nerviosos en el consultorio.

En su búsqueda para entender mejor cómo se daba esa relación, se asoció con el médico Robert Keith Wallace, fisiólogo de la Universidad de California. Wallace ya tenía publicaciones sobre una modalidad de meditación llamada “Meditación Trascendental”. Básicamente, esta consiste en relajar el cuerpo en una posición cómoda y pronunciar un mantram, durante unos 15 a 20 minutos, dos veces por día. Una palabra de significado positivo para el practicante, por ejemplo, “estoy tranquilo”.

Llevaron adelante una investigación juntos, sobre los efectos fisiológicos que generan las diferentes técnicas de meditación, en personas que tenían diferentes niveles de experiencia en la práctica de la meditación. Así descubrieron que, en todas ellas, la práctica diaria de este ejercicio los llevaba a mantener tranquilo y estable su metabolismo corporal, su respiración y los latidos del corazón.

En su evaluación, observaron que las diferentes modalidades de meditación podían generar estados de equilibrio y tranquilidad mayores que el sueño, ya que este último puede tener picos de malestar. Los resultados se publicaron en un artículo: “Fisiología de la Meditación”, de la revista Scientific American. “Este artículo abrió las puertas para que se pudieran desarrollar una decena de otros estudios en diferentes universidades del mundo”.

El auge de la meditación

Otras investigaciones médico-científicas sobre la Meditación

Además de lo dicho, el Dr. Benson fundó el Instituto Médico Mente/Cuerpo en el Hospital General de Massachusstts, en Boston. Este médico, desde hace más de 40 años viene demostrando la considerable mejoría que se presenta en la calidad de vida de las personas que practican meditación.

Entre las constataciones logradas en estas décadas de investigación médica está el hecho de que los beneficios de la meditación permanecen durante horas. Se mantienen luego de terminado el ejercicio y así aportan una mejora general de su salud. Además, se ha comprobado que las alteraciones metabólicas que se producen durante la meditación generan alteraciones hormonales. Y también en las ondas eléctricas cerebrales.

Jon Kabat Zinn fue otro médico e investigador norteamericano que ayudó a romper las barreras que relegaban la meditación al campo del misticismo. Y así colaborar para hacerla conocida como un recurso e instrumento de salud pública. Zinn, de origen judío, aprendió a meditar cuando todavía era estudiante, en una conferencia que ofreció el budista Philip Kaplan, en 1965. Cuando ya era médico, comenzó a enseñar meditación a sus pacientes, buscando disminuir el dolor físico y emocional durante los tratamientos. Logró resultados tan positivos que fundó la Clínica para la Mitigación del Estrés, en 1979. Así, quería presentar la meditación sin el ropaje religioso del budismo. Kabat Zinn acuñó el término mindfulness (que se puede traducir como “atención plena”). Gracias a esto, ha sido muy difundido en el occidente.

Esta práctica tiene una característica típica del budismo: colocar la atención en el aquí y ahora. Percibir todas las manifestaciones que se procesan en el cuerpo o en el ambiente, sin dejarse llevar por pensamientos relacionados con eso. Todo esto, manteniendo la atención solo en el presente.

Más recientemente, en el 2009, un grupo de investigadores de California efectuó una serie de exámenes de resonancia magnética de alta resolución, para estudiar el cerebro de quienes practicaban la meditación. Constataron que ciertas regiones del cerebro de las personas que meditan, estaban mucho más desarrolladas que las correspondientes partes del cerebro de personas que no meditan. Los resultados demostraron que las áreas del hipocampo, del córtex orbito-frontal y del tálamo tenían un volumen considerablemente mayor cuando se trataba de practicantes de la meditación. Estas áreas están relacionadas con la emoción y la atención. Con esto se demuestra que: 

Practicar la meditación de manera continua, hace posible que sus practicantes desarrollen habilidades para regularizar mejor sus emociones, así como su concentración.

La práctica de la meditación

De la investigaciones científicas a la practica de la meditación

Estas son solo algunas de las numerosas investigaciones que se desarrollaron con instrumentos de la ciencia occidental. Estas lograron demostrar el beneficio de la meditación para la salud. La lista todavía podría ser más larga si tenemos en cuenta los descubrimientos relacionados con los efectos positivos en el sistema inmunológico.  También, en la secreción glandular y hormonal por medio de ejercicios simples como los que enseña la Gnosis. Ya sea por medio de prácticas con mantrams, vocalizaciones, o prácticas para mantener la atención enfocada en un punto único. Ese punto puede ser el corazón, la respiración, una flor, una vela o una pieza de música clásica. Aun les falta a estos estudios superar los beneficios que la meditación genera en la salud. Y, al menos, acercarse a conocer la contribución que aporta para conocer la realidad.

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